jueves, 26 de febrero de 2009

Los Valores










El tema de la educación en valores comenzó a considerarse fundamental desde la antigüedad griega. Sin embargo, en Venezuela, es en las últimas reformas educativas de los niveles de Educación Inicial y Básica cuando la educación en valores ha sido considerada un aspecto fundamental dentro del proceso educativo. La razón de ello, probablemente se encuentre en la crisis social actual, producto, en muchos casos, de la deshumanización del hombre.

La proclamación de la Asamblea General de las Naciones Unidas (2000) plantea la necesidad de unir nuestros esfuerzos para desarrollar el concepto de la paz y la promoción de una educación en valores desde edades tempranas. La razón de comenzar a partir de estas edades se debe a que la transmisión de los valores sociales y morales comienza desde los primeros meses de vida, aunque se consolidará en edades posteriores. Los primeros años de vida de nuestra especie son definidos desde las diferentes disciplinas que estudian el comportamiento de las personas, como determinantes para que la integración de los sujetos en las sociedades sea adecuada a las normas, costumbres y valores ético-morales que dichas sociedades postulan como válidos y prioritarios para su propio progreso económico y cultural.


La educación moral debe ser considerada como una construcción en la cual la escuela, la familia, los iguales, tienen un papel muy importante. A pesar de que la familia se considera el primer núcleo de socialización del individuo y, por ende, el primer ente transmisor de valores, las instituciones de educación inicial y, en especial, el grupo clase es uno de los núcleos de integración de valores. Los programas relacionados con valores para la primera infancia y la educación familiar pueden contribuir a este esfuerzo de preservar los valores sociales, éticos y morales reforzando las capacidades de los padres y maestros para criar y educar a los niños, proporcionándoles a éstos un entorno adecuado para que puedan crecer, jugar, aprender y cuidar los valores deseados culturalmente.

José Antonio Marina asegura que la escuela tiene que formar en valores morales

El filósofo y ensayista español José Antonio Marina afirmó hoy en la sede de la OEI que "la escuela tiene forzosamente que formar en valores morales". Una declaración realizada durante su intervención en la conferencia ’Los valores de los profesores’, y que tuvo lugar en el marco de la segunda jornada del I Seminario Iberoamericano sobre el desarrollo profesional de los docentes.

Marina, que se calificó como un "optimista educativo", explicó que la educación tiene dos opciones: "Elegir la vida en la selva, que se rige por la ley del más fuerte, o una vida basada en aspectos éticos que sirve para dar una conciencia moral al individuo".

Asimismo, el filósofo español dijo que el profesor tiene una función práctica y no teórica: "Lo que interesa no es enseñar, sino que los alumnos aprendan porque de nada vale que sepan muchas cosas si a la hora de ponerlo en práctica no van a tener la tenacidad o la constancia de llevarlo a cabo".

Por otro lado, José Antonio Marina expuso que en España se ha producido una fractura entre la familia y la escuela: "Ahora al docente se le exige que enseñe una materia y que además tenga una buena relación con los padres". Para finalizar, el escritor manifestó que el centro educativo no está hecho para los buenos alumnos, sino para los "zoquetes", que son quienes más verdaderamente necesitan aprender.

Educar en valores y valores para educar.






El Asesor de los ministerios de Educación y Comunicaciones de Colombia Bernardo Toro centró su discurso en enumerar los grandes valores que deben inculcarse al alumno: "El aprendizaje del lenguaje, el respeto y el diálogo como vía para conseguir el entendimiento y crear lazos de cooperación".

Por su parte, el consultor internacional de Uruguay Luis Carrizo explicó que la educación debe contar con la colaboración de las familias, los medios de comunicación y las instituciones sociales: "Se exige al docente un alto nivel de responsabilidad, lo que deriva en frustración".

Para finalizar la mesa redonda, el Catedrático de la Universidad de Barcelona Miquel Martínez apuntó que "la escuela debe entender que su tarea no puede quedar reducida a la mera actividad lectiva", y enumeró los valores que deberían ser inculcados a los alumnos: "autonomía del individuo, apoyo mutuo, reconocimiento del otro como interlocutor, responsabilidad social y ética, aceptación de normas, ciudadanía activa e interés por el saber".


La formación en valores es un tema que ha reclamado la atención de los especialistas en educación en los últimos años. Ante un deterioro generalizado de múltiples comportamientos que se observan a todos los niveles de la sociedad: agresiones entre grupos étnicos, manifestación de inconformidad social que va más allá de lo aceptable para una sana convivencia social, diversas formas de violencia real y simbólica en el trato entre personas, entre familiares y en el ámbito escolar, se ha cuestionado hasta dónde corresponde a la escuela y a los proyectos curriculares impulsar con mayor fuerza la formación en valores. En este ensayo se examina cómo se ha abordado esta temática en el pensamiento histórico de la didáctica; al mismo tiempo se analiza cómo la formación en valores más que responder a un tema cognitivo, se encuentra vinculado a la dinámica de los afectos y no sólo requiere del conocimiento racional de los principios y normas, sino que se necesita fincar en las actitudes. En un tercer momento se analiza la forma en la que este tema se ha planteado en los desarrollos recientes del campo curricular.

La formación en valores constituye uno de los temas que ha llamado la atención en las últimas décadas en el debate educativo. Esto es el resultado de la toma de conciencia por parte de la sociedad y de los mismos responsables de la política educativa de una crisis de valores en el seno de la sociedad. La transmisión tradicional de valores de la generación adulta a la joven, reconocida por Durkheim1 y que la “escuela podía relativamente armonizar dentro de sus muros” (1976, p. 98), experimenta una ruptura, similar a la que han padecido las economías locales por los procesos de globalización. Esa ruptura es el resultado de la invasión de las tecnologías de la comunicación y de las nuevas tecnologías de la información, los programas de televisión, los nuevos centros de reunión en particular de los jóvenes –los antros2–, que pregonan un pragmatismo exacerbado, un estado de “placer” o “satisfacción” inmediato y una visión de lo útil. Estos espacios tienen mucho mayor capacidad para promover diversos patrones de comportamiento entre la juventud, que los que se derivan del ambiente tradicional escolar cerrado por un aula con un pizarrón enfrente, así como del conjunto de la tradiciones que conforman la cultura escolar.

Es importante


Reconocer que aun cuando el tema de los valores ha cobrado relevancia en la actualidad, no es un tema nuevo en el debate educativo, ya que las distintas visiones de la educación han tenido posiciones muy claras al respecto. Un acercamiento a tres autores, que han desempeñado un papel fundamental en la estructuración de la disciplina educativa: Comenio, Herbart y Dewey, permite afirmar que el proyecto educativo siempre estuvo enlazado a un tema de valores. Esto es, en todos los casos se negaron a que se considerase la educación como instrucción.



Dos siglos después, ya en el marco de la filosofía moderna, Herbart (1983) replantea el tema desde una perspectiva de la formación integral. En 1806 formula dos preguntas fundamentales para discutir esta cuestión. La primera es “¿de qué le sirve a un estudiante aprender matemáticas, si al mismo tiempo pierde la posibilidad del placer estético?” (Herbart, p. 156). Este planteamiento indudablemente se encuentra en la perspectiva de la formación humanista, al tiempo que se vincula con un plano ético subyacente a toda estrategia educativa.





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